¿Y GIRONA MÁS?
El País
Diumenge, 11 de juny de 2017

La práctica del fútbol en Girona es más que centenaria. Jaume Curbet Boj, futbolista, impresor y editor escribió una Història del futbol a Girona en dos volúmenes con una cronologia de 1904 al año 2000. Pero el Girona FC no se fundó hasta el 25 de julio de 1930 y surgió como fórmula para superar la crisis de la “Unión Deportiva Gerona” que se había trasladado a jugar de la Devesa al nuevo campo de fútbol de Vista Alegre el dia 22 de junio de 1922.
El Girona FC que ahora cumple 87 años despertó desde su fundación grandes pasiones ciudadanas pero ha tenido históricamente solo un arraigo social relativo. Las tardes de fútbol en Vista Alegre, que viví desde muy niño desde finales de la década de los cincuenta, congregaban una afición nutrida que se desplazaba al campo en un paseo por la calle del Carmen. Y los desplazamientos eran seguidos con una devoción reverencial a través de las crónicas que todos los domingos realizaba desde Radio Gerona EAJ 38 el periodista Ernesto Mascort.
Pero el Girona FC carecía de épica, de simbología arraigada y no tenía un seguimiento masivo en el sentidio que hoy atribuimos a una respuesta de masas.
Esta es la novedad social que se ha producido en Girona y sus comarcas en las últimas temporadas. La estabilización del club en la Segunda División A y especialmente las cuatro últimas cuando una afición más y más entregada soñó más de una vez y acarició el deseado ascenso a la Primera División. La decepción que se produjo en el partido de Montilivi contra el Lugo dejó aturdida a una afición que ya veía a su equipo en Primera y no despertó del sueño con un mazazo increíble hasta el minuto 92 del partido. Estos reveses de última hora no torcieron un proyecto que por primera vez en mucho tiempo gozaba de estabilidad social y económica y no ocultaba en ningún momento una sana ambición competitiva.
El juego del equipo más de una vez deslumbraba y la afición no solo disfrutaba con la proximidad del sueño sino que se divertía con un juego primoroso y eficaz diseñado por Pablo Machín, el entrenador que con un equipo técnico competente imprimió estilo y juego a una plantilla cada vez más equilibrada entre los jugadores surgidos de la cantera local y las incorporaciones foráneas. Los largos desplazamientos del balón, los cambios rápidos y la materialización con éxito de jugadas a balón parado imprimían ritmo y eficacia y situaban al equipo en los puestos de privilegio de la clasificación.
La equipación blanquiroja en el pasado más asociada al Athletic club de Bilbao o al Atlético de Madrid empezaba a ocupar un lugar en el imaginario colectivo y el acierto brutal del himno compuesto por Josep Thió ocupaba cada vez más no solo los escenarios de los partidos sino también las emociones de una afición muy implicada. Camisetas y bufandas blanquirojas asomaban por las calles de la ciudad como indumentaria habitual los días de partido y como signo de orgullo local en otras jornadas. Y una ciudad tradicionalmente comedida comenzó a exhibir banderas del club en balcones y ventanas.
Es en este contexto que hay que situar la nueva dimensión social del club, con una masa de socios y aficionados que si hasta hace poco más de cinco años se contaba por cientos ahora se cuenta por miles. Más importante aun es el arraigo entre niños y jóvenes, hombres y mujeres, en una transversalidad de edades y género que parecía inimaginable. La nueva propiedad, la presidencia de Delfí Geli y la dirección de Ignasi Mas-Bagà ha aportado cordura y equilibrio. Estos son los ingredientes del éxito.
Hay que prevenir algunos riesgos. Girona exhibe desde hace mucho tiempo músculo de ciudad con personalidad acusada. El festival de teatro Temporada Alta se erige como un referente de primer nivel, la convocatoria anual de Temps de Flors es una explosión primaveral que congrega miles de visitantes y el Barri Vell ha adquirido carta de naturaleza en los circuitos turísticos. Girona es un referente cultural y también gastronómico con la luz y el ejemplo que irradia El Celler de Can Roca. Ahora añadimos un ingrhttp://www.joaquimnadal.cat/y-girona-mas/ediente más con el equipo en primera y el impacto que se supone.
Pero como ya demostró la ciudad con Juego de Tronos la ciudad no perderá la cabeza ni incurrirá en los riesgos de una reacción provinciana y localista. La cordura preside siempre las pasiones locales y el valor añadido de cada nuevo peldaño suma argumentos para la oferta de la ciudad pero no contamina de forma abrumadora y excluyente el conjunto. Intuyo que las cosas irán en esta dirección y éste es mi ferviente deseo para que la continuidad del Girona FC en Primera División se asuma como un elemento de normalidad integrada.

Joaquim Nadal i Farreras