Col·laboració en el llibre editat amb motiu del 60è aniversari de Xerardo Estévez. Santiago de Compostel·la,  2008 (exemplar únic) 

Con Xerardo me une -nos une- una sólida amistad nacida al amparo de nuestras experiencias municipales compartidas. Así nos conocimos. Él, entusiasmado con su consorcio de Santiago, el conjunto de ciudades patrimonio de la humanidad, la ordenación y planificación de un crecimiento integrado de su ciudad y la asunción inteligente y sensible de la nueva capitalidad. La dimensión universal, muy europea, del Camino le otorgaba una proyección internacional cultivada con esmero y dedicación al servicio de la identidad y la imagen de Santiago de Compostela en el mundo. Enfrascado en los grandes proyectos mantenía una permanente tensión por lo cotidiano, por los problemas de proximidad. Ejercía la esclavitud de la nota concreta con un espíritu desenfadado. Siempre un minucioso seguimiento de la cotidianeidad de las personas, de las familias, de los colores, de los parques, de los conventos y sus comunidades, dela Universidad, de la cultura. Un proyecto ambicioso asentado sobre sólidas bases. Había entre Xerardo y Santiago una comunión física e intelectual. Soñador y pegado al suelo, visionario y pragmático, científico y poético, sociológico y espiritual. De convicciones fuertes y cultura musical, de gustos refinados y exigencia radical, de atención permanente a los más humildes sin eludir las exigencias de la más alta representación, fue un alcalde de pies a cabeza en sentido literal y figurado. Y supo dejar de serlo, con dignidad, desapego, una cierta distancia y no poco  esfuerzo.

Cada uno de nosotros, en su peripecia profesional y política respectivamente, mantuvimos contactos frecuentes que hemos continuado y continuaremos como homenaje a unos valores que trascienden de mucho las respectivas responsabilidades. Desde el principio de nuestra amistad me sedujo siempre su voz profunda y su palabra firme, su discurso coherente y atractivo, sus análisis  clarividentes, su proyección hacia otros horizontes de las experiencias compartidas. Hoy sabemos de sobra que en la distancia podemos contar el uno con el otro y compartir amistades, familias, gustos, ideales y sueños. Somos sinceramente  críticos y exigentes, pero sabemos que la experiencia que nos une está hecha para durar. Al fin y al cabo, los líquenes dorados de la fachada del Obradoiro tienen un  sinfín de puntos en común con los atardeceres dorados de la plaza dela Catedral de Girona.

En plena madurez y creatividad sabemos que nos queda mucho por vivir, compartir y disfrutar, sabiendo que no nos jubilaremos nunca, porqué nuestro júbilo está en nuestras vidas como son ahora y como avanzan al ritmo del tiempo y de la amistad.