Carreteras. Revista técnica de la Asociación Española de la Carretera. Edición Especial 16º Congreso Mundial de la IRF. Lisboa, maig 2010

Podría hacer una simple salutación de cortesía, pero me propongo, por el contrario, una reflexión más amplia al hilo de nuestras orientaciones políticas en materia de movilidad y transporte.

Al final de la primera década del siglo XXI, el papel y la importancia de la movilidad se han hecho más evidentes que nunca y los problemas de la congestión más acuciantes que nunca. En este contexto parece claro que es imprescindible arbitrar nuevas fórmulas para incentivar el uso del transporte colectivo, para mejorar la red ferroviaria para el transporte de personas y mercancías. La intermodalidad se ha convertido en una moda aunque es consecuencia de una extrema necesidad. Volvemos de este modo a una situación que ya vivimos en el siglo XIX, como siglo del ferrocarril. 

Pero estamos aquí para hablar de carreteras y para seguir reivindicando el papel de las redes de carreteras en el conjunto de la movilidad, como la infraestructura más flexible y la que seguirá acaparando los porcentajes más elevados de demanda en los próximos tiempos.

La capacidad de integración y articulación territorial de la red de carreteras es una constante de la Historia, y ha marcado con trazo indeleble la evolución de la humanidad.

Las carreteras son, pues, por un lado una constante, un dato necesario, y por otro deben ser consideradas en un contexto más amplio de ordenación y racionalización de la demanda compleja de movilidad en las sociedades desarrolladas.

El diseño de trazado, la integración paisajística, la proporcionalidad, la seguridad, las prestaciones generales de una carretera aparecen hoy como elementos imprescindibles para cualquier planificación futura. No sólo eso, sino que las políticas de conservación, de mejora de los firmes, de mejora de la señalización vertical y horizontal, el perfeccionamiento de los elementos de contención, se perfilan como la acción más eficaz en aras a otorgar a las carreteras un papel fundamental. El sistema viario tiene una capilaridad de la que carecen otros modos de transporte y esta capilaridad es garantía de accesibilidad a todos los rincones del territorio desde las zonas más pobladas hasta los rincones más recónditos.

La ecuación que se plantea en la actualidad es encontrar el punto de equilibrio en relación a las nuevas infraestructuras viarias entre una población que crece, un parque motorizado también al alza, un consumo desmesurado de suelo y la equivalente escasez del mismo.

En los espacios urbanos, en los espacios periurbanos y en las zonas rurales no hay suelos sobrantes y la economía del suelo es el primer ingrediente de una política viaria que abogue por mantener el crédito y el prestigio de las redes de carreteras y ofrezca, de este modo, las máximas mejoras de diseño y de integración que hoy la ingeniería civil nos permite.