La Vanguardia

Proteger la costa significa muchas cosas. Quiere decir proteger el territorio, el paisaje, las personas, los espacios públicos, las oportunidades económicas, el patrimonio natural y cultural, los pueblos y las ciudades.

La voluntad del Govern de Catalunya es coherente con todos estos aspectos. La aprobación definitiva de los dos Planes directores urbanísticos que se proponen la protección de diversos espacios a lo largo de una franja del litoral es el camino más adecuado para alcanzar estos objetivos.

Como es de suponer no se trata de una foto fija de la realidad actual y procurar que nada cambie. Vivimos en una sociedad dinámica y en transformación. Ordenar el crecimiento, moderar, modular y equilibrar el crecimiento forma parte de las prioridades esenciales del Govern. Ha llegado el momento de encontrar el punto justo entre las necesidades indiscutibles de crecer y las aún más indiscutibles de enfatizar los valores de un territorio que ha conseguido su actual nivel de actividad económica en muy buena parte gracias a estos valores.

¿Cómo podríamos seguir proponiendo viajes atractivos al litoral catalán si su perfil, si sus contornos, si sus acantilados abruptos o sus ondulaciones suaves hubiesen desaparecido?

Ha llegado la hora, y tenemos los instrumentos para hacerlo, de garantizar que nuestra visión del mar desde la tierra, o de la tierra desde el mar nos permitirá para siempre admirar contornos que nos identifican, espacios que nos emocionan, bancales escalonados hasta el mar, cultivos tradicionales hasta los arenales de algunas playas. Es una opción culta y civilizada para dotarnos colectivamente de garantías de que no deterioraremos nuestro patrimonio, herencia del pasado, capital hacia el futuro.

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